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“El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca” ― José Martí

miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Acompáñame a estar locos?


Muchos me han preguntado ¨¿qué pasa contigo que escribes tanto sobre libertad?¨ Lo gracioso es que en ciertas ocasiones hasta yo me lo pregunto… Quiero explicarles algo, de la manera más honesta que pueda… Tal vez no vaya a sonar lindo o incluso creíble, pero les juro que es así como pienso y como siento muy dentro de mi, desde que tengo memoria.
Me duele muchísimo saber que hay gente viviendo en condiciones tan desagradables en esta vida, una vida que desde niña al ver al cielo pensaba era hermosa para todos, bella, deslumbrante y esas cosas ¨utópicas¨ de cuentos de hadas… Pues alguna vez en la historia esa nena soñadora pudo ver el horror en los ojos de otro y he ahí cuando cambió el panorama. Presenciar como el hambre atosiga y ciega a tantos y tan distribuidos por todos partes... Como desesperadamente convierte en un animal completamente irracional, a cualquiera que desee un bocado siquiera o unas migajas de pan. Es desgarrador saber que en países tercermundistas como el nuestro, si la canasta básica sigue subiendo ya ni siquiera para el frijol y el arroz tendrán muchos… Y que como en algún caso que leí no hace mucho, hasta sus propios bebés venderán por una mínima cantidad. ¡Mundo! ¡capitalismo! ¡crueldad! ¿y tú por qué eres un mártir? Si no fuera porque lo dejas, esto no pasaría. ¿Desde cuándo es más importante un celular a una aventura?, ¿desde cuándo es más interesante ver las presentaciones de artistas semidesnudos, que ver a millones de niños en las aceras, valga la redundancia que semidesnudos también, y cubiertos de golpes porque no han podido darle más dinero a sus adictos padres? ¿Quién o cuál creen que es el culpable de sus condiciones? Si el odio germina en odio, ¿por qué inocentes criaturas son maltratadas por las desgracias de otros?... O cuando un hombre con SIDA, o una niña con CÁNCER ven un atardecer con la duda si será ese el último que podrán apreciar… Y muchos no saben quitar la vista de la pantalla de un aparato, o salir de sus casas y explorar. ¿CÓMO PUEDE SER POSIBLE QUE ESTA VIDA ESTÉ TAN LLENA DE INJUSTICIAS Y NOSOTROS NOS HAYAMOS ACOSTUMBRADO?

¿Lo saben? El dolor se ha vuelto propaganda estetizada, consumismo deshonesto y realidad privatizada a quienes abren los ojos ante esto. Hace poco vi una foto que me impactó mucho... Se las mostraré:


¡Es repugnante notar en lo que muchos nos hemos convertido! Vemos dolor y no sentimos nada, deseamos amor, deseamos éxito, lujos, vida noble… Pero ni una sonrisa, ni el mínimo interés a cualquiera queremos dar. Tal vez sí hay muchos locos allá fuera… Tal vez sí hay mucha gente mala… Y muchos peligros. Pero ¿qué no es esto, el miedo, lo que desde tiempos remotos nos obliga a retractarnos de vivir, de amar, de abrirnos al mundo y decir ¨soy yo, ¡tómame o déjame! Pero mi libertad, mi seguridad, compañía y este orgullo por ser alguien para otr@, jamás me quitaras. Esto es lo que me pasa… Y ¿sabes qué? ¡Adelante con las etiquetas y el estereotipo, copiado, barato y para colmo, soberbio! La revolución comienza desde que no me dejo influenciar a pensar, actuar y hablar como yo no quiero.

¡Basta de sufrir! Te lo dice quien una vez sufrió de más… ¡Basta de añorar! Si al ver la sonrisa de alguien con menos oportunidades tuyas, te puede REALMENTE llenar. Hey, no pierdes nada con salir e intentar… Con dejar la rutina y explorar… Si esto te parece locura pues... Ven, acompáñame a estar locos, ¿y por qué no? Es un 50 y 50: o vives para contar otra experiencia/anécdota de vida que te llena humanamente, o pierdes la capacidad, como muchos, de sentir apatía por la misma.

lunes, 4 de agosto de 2014

Tengo Cáncer


Estaba caminando, caminaba pero no avanzaba, y yo deseaba con el alma, progresar.


Dicen por ahí que ayudar a los demás hace que te sientas muy bien, es una adicción el sentimiento que te da, hasta el punto de volverte egoísta porque te hace querer más de lo que sientes al ayudar; ¿lo crees?



Les voy a contar... Lo descubrí cuando yo tenía 15 años; cuando el sabor de la monotonía en mi boca ya se sentía por cada palabra y cada idea que expresaba; fué entonces cuando decidí dar vuelta al asunto y poner en marcha un plan que no sólo me ayudara a cambiar lo que estaba mal en cómo me sentía y lo que hacía; sino que también lograra cambiar el presente de alguien más.


Compatriotas que me estan leyendo, ¿pueden recordar que no hace mucho en los periódicos hablaban de la situación del Hospital Mario Catarino Rivas? La manera en la que la necesidad los obligaba a poner a recién nacidos en cajas de cartón; la cantidad de medicamentos que hacen falta, la manera en como esta mal distribuido todo y la pobreza se apodera cada vez más.

En aquél tiempo (hace 3 años) el problema todavía no había alcanzado la cumbre mortal; no se escuchaba ni se veía acerca de eso; entonces decidí junto con un grupo de amigos, realizar una visita a un lugar específico de ese hospital:


Y esto que diré a continuación, por favor ten en cuenta que es muy personal, es la experiencia más abrumadora (en mi opinión) que he sentido en mi vida. Ocurrió en una visita al área de infantes con cáncer: éramos un grupo de personas en el que todos deseábamos compartir tiempo con los niños, regalarles comida y juguetes, pero sobre todo plática y sonrisas. Al principio lo que más me llamó la atención fué una pequeña niña, entre 7 y 10 años, la unica sin cancer, pero que tenía un tumor muy notable en la espalda y a pesar de ello corría arriba y abajo junto con los demás niños del área.


Apenas me vió se pegó a nosotros, por eso la nombré coordinadora oficial, era una nena muy agradable... La enfermera nos contó que ella venía casi todos los días para pasar un rato, jugar con los niños y para ayudar por igual... Habíamos compartido con casi todos cuando llegamos a la camilla de Miguel, un niño de apróximadamente 14 años; como me contó la enfermera un tiempo después de nuestra llegada, el niño llevaba poco más de una semana sin querer comer, estaba deprimido, sin ganas de nada...

Nosotros sin saber de ello, lo tratamos de igual manera que al resto de los chicos en aquélla habitación grande. Le hablamos de fúbol porque a él le gusta, también (a pesar de su edad) le dimos el pequeño regalo (un peluche) cosa que le dió un poco de risa... Y platicamos hasta sacarle más de una sonrisa. Al final del día la enfermera sorprendida habló conmigo; Miguel se había comido 4 galletas y el ánimo le había subido. Ella me contó que hacía una semana el niño negaba la comida y lo mantenían con suero; estaba muy triste pero nuestra visita le había cambiado el semblante.
No sé si exista tal cosa como el destino, algo que esté escrito o ya predispuesto ante nosotros... Pero de algo que estoy segura es que ese día salí con una perspectiva totalmente distinta. Puede que incluso, le hayamos salvado la vida a Miguel, con tan solo haber compartido un poco de nuestro tiempo y de nuestras sonrisas. Tanto él como la niña, y todos en aquél lugar me demostraron que la vida vale la pena, que a pesar de todo, puede que sin conocernos o no, alguien aprecie de nuestra compañía; y que siempre habrá tiempo para compartir y regalar, sobre todo, sonrisas, amistad y amor.



Sí, tengo cáncer mientras ellos lo tengan. Tengo la muerte en mis manos así como tengo la vida; si ellos pueden, yo puedo y si ellos no creen, yo creo por ellos. Jamás debemos dejar solos a nuestros hermanos; ayudemos hondureños, ayudemos por nuestro presente, nuestro hogar y ésta familia catracha que por identidad tenemos.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Día 5 -> La Ventana

Voy en el carro y miro a través de ella: hay tristezas y alegrías... Observo cautelosa la ventana que descubre, ventana que me muestra...Y es que nada más importa porque todo se desvela en su frío y transparente cristal: es el espejo de la realidad.

Descubro dos tipos de pena: la oculta en los ojos que la ven, y la que se muestra por fuera.

Pero hay algo, algo que se esconde, más allá del pensamiento, más allá del sentimiento, mucho más que la razón y el malestar... Porque veo a través de ella; que por las calles hay pobreza... Hay tristeza, hay dolor de gente que viene y que va.

Y comienzo a querer descubrir lo que hay más allá; porque mis ojos sueñan; yo quiero moverme, traspasar su frágil vidrio y descubrir entre aquéllos que pasan, ¿por qué a mis hermanos, a mi pueblo: gente que fué inocente y que con duras lecciones, los condenas?...

¿Cuál pobreza?, yo no hablo de otra miseria que no sea la del alma, porque nadie puede verlas, pero sus sombras se asemejan. Almas negras y olvidadas entre tanto estereotipo, entre tanta maldad... 

Pobres, tristes caras que son su cadena y su prisión.... Pobre la pobreza que condena y amenaza, porque tiene el peor de los trabajos: matar y desterrar al olvido pecadoras almas que una vez fueron sinceras...

Más voy a confesar que subo el vidrio... Tengo que callar el dolor y la pena que me dan; porque así es como se olvida, ignorando la maldad, la ignorancia; ignorando gritos ahogados de los que pasan por fuera, a mi lado, andando entre los carros, en soledad... Así es, después de todo: lo que me ha enseñado su falta de humanidad...

Esto es una crítica a la sociedad que se preocupa más por andar en carros de lujo, que por ver a los ojos de algún necesitado de pan... Que pueden ver la pobreza y prefieren dejarla como está. Personas que pasan sin dejar huella porque construyen el camino con lujuria, ceguera en alma y sin paz.

A ellos les dedico esta mirada, a través de la ventana; mirada de pena y de compasión, porque.. ¡Es una lástima ser ricos en lo material y pobres en lo espiritual!


sábado, 11 de enero de 2014

En las Calles de Honduras

El pálido rosado invade la atmósfera; es un atardecer hermoso, un valioso edén el que contemplan mis ojos, y que llena el mismo cielo que nos cubre a todos hoy... Pero muchos no saben, muchos ignoran, que el cielo rosado, siendo la manta que nos cubre a todos, clausura el día para avisar que el principio de una fría noche se avecina... Y que aún hay almas que divagan en las calles de Honduras, de nuestra cuidad, calles que contemplan esas almas, solitarias por igual... Mientras tanto, las montañas del Valle de Sula que resguardan la cuidad y la protegen de otras realidades más,  sirven de escudo para los habitantes que esconden la verdad, y muestran el miedo, mientras esperan a que el día que viene, el día siguiente, sea mejor... Mientras todo pasa, en este momento, dos almas se unen, en la escritura y lectura; tú y yo, compartiendo en la realidad: la verdad.
Y son estos, los ecos de todos aquéllos que no quieren o no pueden, gritar.